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CAMPAÑA ELECTORAL

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O de la manera en que se oculta Europa en unas elecciones que deberían versar, solamente, sobre Europa.


Con cierta generosidad, de pintoresca es la única manera en que se puede calificar esta campaña electoral al Parlamento Europeo. Una campaña electoral en la que, con más pena que sorpresa para los sufridos espectadores de la misma –Léase votantes-, aparecen, nuevamente, figurantes de honor invitados a la fiesta sin que nada se jueguen en ella y, lo que es peor, en algunos casos sin nada en qué influir en el Parlamento Europeo y, por ende, en la vida política de la U.E. y sus estados miembros.

Así, en una campaña electoral de bajo perfil y escasa intensidad, desde ese PSOE, proverbialmente falto de imaginación, se recurre, una vez más, a su manido soniquete de “que vienen los malos”, y pretenden resucitar políticamente, incluso, a un George W. Bush atribuyéndole facultades que nunca ha tenido, ni tampoco tendrá. El mensaje está claro, quieren hacer creer al votante, ya acostumbrado a dejarse manejar por la maquinaria mediático-publicitaria del “Gobierno de España” que si no se vota PSOEvan a volver a pasar cosas muy malas”; y la caravana electoral, con el Presidente a la cabeza recorre los reinos de esta nuestra España hablando, mitin tras mitin, acto tras acto, tertulia tras tertulia, debate tras debate, del trágico suceso del Prestige, del accidente del Yak-42, de la Segunda Guerra del Golfo, de las causas pendientes con la justicia que puedan tener Chirac o Berlusconi, o del corte de trajes a medida. El vídeo de campaña del PSOE, un elemento publicitario digno del mejor manual de estilo de Josef Goebbels, no es mucho mejor y sigue incidiendo en crear un clima de temor con el uso de tópicos progresistas; más miedo, en definitiva, para conducir a la parroquia de votantes, mediando la anulación de su voluntad por la vía de la desinformación, hacia el colegio electoral.

La oposición no tiene, por su parte, mejor discurso ni mayores amplitudes de miras en una Campaña Electoral por Europa en la que, por decisión y conveniencia de los dos partidos mayoritarios, se ha excluido expresamente, y precisamente, a Europa; y haciendo débil oposición andan enrocados, y medio perdidos, entre las cifras y estadísticas de una crisis económica más grave en lo nacional que en los mercados internacionales.

Caso aparte es el de los nacionalistas integrados, a su manera, en diferentes plataformas y coaliciones reivindicativas de los únicos asuntos que parecen preocuparles; un poco más de lo mismo con programas electorales y descabelladas propuestas que harían sonrojar a Giacomo Mazzini o, incluso, al propio Heinrich Himmler por lo que de fantasioso, imaginativo y, sobre todo sectario, tienen.

En otra galaxia parece transitar, sin embargo, la genuina, profesionalizada y hartamente singular Rosa Díez mientras le hace completa la campaña a un soso Sosa Wagner, socialista por vocación y “upedista” por clientelar devoción a “sus mayores”, mientras se prodiga en un discurso estatal en el que, nuevamente, está ausente Europa como idea de futuro de cara a una decisiva legislatura en que habrían de dirimirse –o, mejor, deberían dirimirse- importantes cuestiones que afecten a la construcción de la U.E.

Acercándonos ya al ecuador de la campaña, finalmente, uno empieza a preguntarse si es que acaso no ha empezado la misma; uno se cuestiona por donde aparecerá Europa en las charlas grandilocuentes y truculentas de los padres de la patria, y uno busca sin demasiada fe un ligero atisbo programático que nos indique, siquiera sea someramente, de qué van estas elecciones.

Y es que, finalmente, lo que parece ser no interesa a ninguno de los partidos políticos de mayor implantación, raigambre, historia, o, simplemente presencia mediática, es que el votante medio llegue a saber que, ocurra lo que ocurra, las casi dos terceras partes de la normativa interna de cada uno de los países miembros de la U.E. desarrollan directivas emanadas de la Unión; lo que parece quererse ocultar es que las cinco sextas partes de las directivas comunitarias emanan del Consejo de Europa sin haberse tramitado en el Parlamento Europeo; lo que quiere silenciarse es que la actividad normativa de la Comisión, del Parlamento Europeo y del Consejo está encomendada, en casi nueve décimas partes del total, a funcionarios designados por los partidos políticos; y de lo que no quiere ni hablarse en esta campaña es que el actualmente aplicable Tratado de Lisboa empeora notablemente las condiciones de representatividad de la mayoría de los Estados respecto del Tratado de Roma, que debería proponerse un verdadero texto constitucional europeo que determinara los derechos, deberes e integración tanto de ciudadanos como de Estados, creando un marco real de competencias y un sistema de representación democrática de los ciudadanos en los órganos e instituciones, o, en definitiva, que debe darse un paso adelante hacia la construcción política de Europa más allá de una compleja y farragosa recopilación de preceptos reglamentarios destinados, en gran parte, a una burocracia demasiado bien pagada y poco operativa.

Y llegando, ya, a ese ecuador de campaña, uno, con más dudas que respuestas, se ha leído todos los programas electorales y ha visto demasiados retazos mal hilvanados de propaganda partidista y verdulera; tantos programas y tantas mendacidades concentradas que se puede sentir la tentación de, el próximo día siete de junio, quedarse todo el día en casa.

Sin embargo, un grupo irreductible de maravillosos idealistas resisten, aún, al invasor; y tomando la idea cuerpo en esa coalición paneuropea encabezada por Libertas y que en España dignamente representa la coalición CIUDADANOS DE ESPAÑA, permiten vencer la tentación del absentismo y nos dan, a los ciudadanos medianamente informados y grandemente preocupados por el devenir político más allá de las fronteras estrictas de lo nacional, la oportunidad de votar unas propuestas, singulares, cuyo contenido hace referencia exclusiva y solamente a Europa, a su concepto, a su necesaria construcción como espacio político de ciudadanos -que no burócratas- y a la posibilidad de que, andando el tiempo, esas preocupaciones ultra-partidistas, lleguen a instalarse con comodidad y normalidad como principios básicos e indiscutidos del futuro desarrollo de la Unión Europea.


agustín altés


SOLAMENTE UNA REUNIÓN DE AMIGOTES …

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Del mismo modo que el pasado día 13 de febrero se reunieron a cenar, al parecer sin mayores propósitos que el de compartir momento de asueto, buena mesa y mejor sobremesa; de nuevo, los “Amigos de UPyD” se juntan hoy en un discreto hotel de la calle Caspe de Barcelona y a pocos metros de donde, simultáneamente, se celebra alguna especie de reunión corporativa de la cúpula de UPyD en Cataluña.

No hay cena y, por eso, parece que no hay un bonito y conmemorativo menú encabezado por la siempre bella frase de “Enésimo encuentro de los amigos de UPyD”; y no habiendo, al menos esta vez, tan paradigmático y decorativo elemento para añadir a ese álbum de viejos recortes y recuerdos para enseñar a los nietos y dejar constancia de los “cientos de miles de años de lucha por el proyecto y la construcción de la tercera España que ha de ser posible”, los “amigos de lo que sea” disponen esta vez de un magnífico guión para el debate distribuido, meticulosamente, a diferentes direcciones de correo electrónico.

A la vista de tan singular y paradigmático evento, y leída la convocatoria del mismo, uno, embebido por un espíritu cartesiano inevitable, se plantea diferentes cuestiones:

¿Quién paga la factura del alquiler de la sala del hotel? ¿Acaso “Amigos de UPyD” es una asociación con miembros oficialmente inscritos que sufragan sus gastos mediante el pago de una cuota? En caso contrario … ¿Sacarán a relucir al final del encuentro una especie de hucha de lata, toda fucsia, toda magenta, con la efigie de Rosa Díez para que cada quien eche su óbolo para sufragar coca-colas y cacahuetes? ¿Quién será la “latera” oficial y debidamente escogida de forma grupal? Muchas dudas me asaltan, la verdad, en torno a tan casual y lúdico evento que, con seguridad, será presentado después como un simple encuentro, casi farandulero y festivo, de amigotes gozando en común de sus respectivos tiempos libres.

Claro que un encuentro de simpáticos y bien avenidos amigotes no necesita de tanta parafernalia, y es que las dudas me siguen asaltando.

Leo y releo la convocatoria y mi sorpresa sigue en aumento. ¡Incluso la convocatoria se acompaña de una especie de orden del día, al que llaman “timing”, en el que figura la elección de un “cronista de la reunión”!

Las dudas razonables se suceden, en mi turbulenta imaginación, una tras otra. ¿Una crónica es sinónimo de acta? ¿Querrá decirse que el cronista es un secretario/a de la reunión?¿Habrá amigos de UPyD entre los militantes de ciudadanos? ¿Tendrán esos militantes de ciudadanos tiempo libre esta tarde a partir de las 19:30 horas para irse de compadreo con sus conmilitones amigos de UPyD y militantes, a su vez, de este último partido político? ¿Habrá un espectáculo improvisado de hipnosis colectiva que les amenice la velada? ¿Habrá un puesto de venta de sandalias fucsias a la entrada o los asistentes deberán permanecer descalzos? ¿Habrá fotógrafo? ¿Se elaborará un impresionante álbum de fotografías al estilo de boda gitana para publicar en la página Web de UPyD? ¿Aprobarán la creación del club de fans de Rosa Díez? ¿Habrá una tarta rosa de veintisiete pisos de altura rematada por una estatuilla de Rosita y otro cogidos del brazo? ¿Entrarán a la reunión consejeros y consejeras generales de ciudadanos? Y, en este caso … ¿Lo harán embozados bajo grueso capote español? ¿Hablarán? ¿Propondrán? ¿Conspirarán? ¿Defenderán a su partido? ¿Defenderán a UPyD?

No sé exactamente qué pensar ni tengo medio para despejar todas esas dudas tan razonables como preocupantes; lo que sí sé es que si a una reunión de un grupo de amigotes que se auto-denomina “amigos de UPyD” asisten militantes de ciudadanos para decidir la creación de una “marca blanca” que se denomine “plataforma magenta” o para preparar una “Convención en Barcelona” bajo los auspicios de UPyD con la pretensión de convocar conjuntamente a la militancia de ambos partidos, se trata, simple, lisa y llanamente, de una maniobra de conspiración y un acto de deslealtad grave hacia ciudadanos – partido de la ciudadanía que se hace acreedor de un expediente disciplinario fulminante por falta muy grave con expulsión inmediata de todos los militantes que hayan asistido al mismo.

Y también sé que, como medida preventiva, y por si acaso no hay fotógrafo oficial del evento, algún alma caritativa frente a tanta felonía dispondrá de un ratito para cubrir la información gráfica del acontecimiento ... no vaya a ser que nos quedemos sin la dichosa foto de familia.

Claro que, después, se dirá aquello de que “cada cual hace lo que quiere en su tiempo libre” y que el partido no debe meterse en la esfera particular de sus militantes. ¿Será verdad?



agustín altés


RESPONSABILIDAD EN UN MOMENTO HISTÓRICO

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UPyD debe ser consecuente con sus planteamientos constitucionalistas y retirar sus candidaturas en las elecciones autonómicas gallegas.

A estas alturas de la campaña electoral para las elecciones autonómicas de Galicia, y ya pasado su ecuador, el panorama se presenta confuso en un previsible equilibrio de fuerzas que, si hemos hacer caso a las encuestas publicadas por diferentes medios durante los últimos días, nos puede deparar un escenario posible en el que el Partido Popular habría ido recuperando intención de voto durante las últimas semanas, situándose muy cerca de obtener los treinta y ocho escaños de la mayoría absoluta que les permitiría formar gobierno sin contar con un improbable apoyo de ninguna otra fuerza política en el parlamento autonómico.

No debe costarnos calificar el momento como de histórico por lo que, en sí mismo, encierra de trascendente; y la afirmación de que nunca antes Galicia se había jugado tanto en unas elecciones es evidente si echamos la vista atrás a cuatro años de legislatura de una coalición en la que el PSG ha mantenido la presidencia de la “Xunta” gracias a la ya conocida fórmula, tan usada desde siempre por la Federación Socialista, de consentir a sus socios de gobierno –Los independentistas del BNG- la imposición de cualquier reivindicación nacionalista, en aras de una estabilidad, que de hecho se revela tan artificial como mendaz.

Durante estos cuatro años de legislatura ya cerrados, hemos asistido a una política que ha convertido la cuestión identitaria gallega, fabricada artificialmente por una muy pequeña minoría nacionalista y tolerada por una minoría socialista siempre ávida de llegar al poder y voraz en sus fórmulas para mantenerse en el mismo, en absoluta prioridad de toda la acción de gobierno. Durante estos cuatro años hemos asistido a una orgía política nacionalista del BNG, con la connivencia de PSG, en la que se ha profundizado en el enfrentamiento con las instituciones del Estado; se han aprobado leyes tendentes a dejar la inmersión lingüística de la Cataluña de Jordi Pujol en un juego de niños comparado con la realidad impositiva y autoritaria de una inmersión lingüística a la gallega que menoscaba, sin pudor alguno, media docena de derechos constitucionales; se han adoptado medidas que, en la práctica, suponen una permanente y constante persecución de aquellas personas que se atrevan a usar el castellano; o se han promovido planes de estudios apoyados en una visión de la historia tan falsa como surrealista. En definitiva, en estos cuatro años, los nacionalistas gallegos han planteado e implantado un esquema de adoctrinamiento nacionalista con pretensiones de extenderse, por imposición, hasta el más íntimo de los reductos de la libertad de los ciudadanos gallegos.

No obstante, una legislatura no parece suficiente para que ese nacionalismo haya llegado a calar profundamente, y también parece difícil que se haya instalado definitivamente en un tejido social dotado, todavía, de criterio propio. Es por ello, que semejante empeño desde los sectores más extremistas en la defensa del identitarismo nacional sea reversible, a corto plazo, mediante una política seria de derogaciones y una corrección, debidamente legislada, de la actividad administrativa sobre el ciudadano. Aparece, pues, absolutamente claro e indiscutible que cualquier posibilidad de que se rectifique, desde los poderes públicos autonómicos, la deriva nacionalista de Galicia pasa, forzosamente, por una mayoría absoluta del Partido Popular en los próximos comicios; y así, la batalla electoral tiene tientes épicos, ya, tanto para los independentistas del Bloque, muy conscientes de la necesidad de contar, al menos, con otra legislatura para la implantación de su política abusiva, como para los propios intereses del Estado de Derecho que, por una vez, coinciden con el objetivo del Partido Popular de obtener una mayoría absoluta que le permita anular los perniciosos efectos de la pasada legislatura al tiempo que evitar que tales efectos desemboquen en aumento de la tensión balcanizante que, con el tiempo, parece haberse instalado en España.

Y es en este escenario -en el que el gran derrotado sería, en cualquier caso, el Estado de Derecho si se reedita el pacto entre PSG y BNG- se nos aparece UPyD, con candidaturas en todas las circunscripciones gallegas, sin ninguna posibilidad de obtener ni una sola acta de diputado y con una proyección de voto que les situaría, en el mejor de los casos, en un horizonte electoral no superior a treinta o treinta y cinco mil votos. No es difícil, y por tanto disculpable, que a la hora de conjugar esa denominada aritmética electoral con la proyección real de voto nos adentremos en las especulaciones sobre el origen y filiación política de esa parte del electorado que preste su voto a Rosa Díez.

Si partimos, por definición, del hecho cierto de que con el discurso y propuestas electorales abiertamente beligerantes contra los postulados nacionalistas con los que concurre a estas elecciones, UPyD no contará, en ningún caso, con la opción de atraer votos del BNG, tenemos que rendirnos ante la insoslayable evidencia de que los votos con los que contará en Galicia serán, forzosamente, votos procedentes de PP y PSG. Una bolsa de votos, mayormente compuesta por antiguos votantes del PP mediatizados por la campaña abiertamente populista de Rosa Díez y una menor, pero nada despreciable, cantidad de votos procedentes de sectores honestos de la militancia socialista a quienes ha acabado por repugnar la política practicada por su propio partido en esta última legislatura.

En ambos casos, tanto en el de votantes atraídos desde el PP como el de aquéllos que antes habían sido votantes del PSG, el gran perjudicado por la concurrencia de UPyD en estos comicios autonómicos gallegos será, invariablemente, el Partido Popular que, en último extremo, puede ver seriamente comprometida la posibilidad de una mayoría absoluta, muy ajustada, al no contar con unos votos –Los que obtenga la formación de Rosa Díez- que en su gran mayoría se habrían de decantar por la opción menos mala como único remedio a los aires nacionalistas de una legislatura que ha resultado profundamente negativa. Y perdida la opción de la mayoría absoluta del Partido Popular como única fuerza política capaz de evitar una nueva debacle para el Estado de Derecho, quien, finalmente, saldría profundamente perjudicado sería la ciudadanía gallega, el régimen de derechos y libertades constitucionales, la unidad del Estado y, en definitiva, España.

Se erige, de este modo, UPyD, y a estas alturas de la campaña, como verdadero árbitro que puede, fácilmente, dirimir el resultado electoral y decantarlo hacia lo que precisamente es su propia razón de ser que no es otra sino impedir la disgregación sucesiva hasta su total disolución del Estado –A España me refiero- que surge como un estado moderno, social y democrático de derecho, del consenso, de la transición y de la actual y vigente Constitución. Y a tal fin superior, como Rosa Díez ha venido proclamando desde su reentrada en la escena política nacional, debe estar supeditada la acción política de UpyD que, llegada la hora, no puede ser otra sino la de franquear, en la medida de lo posible, el camino para el único partido político que no pactará con los nacionalistas.

Es por todo ese cúmulo de razones por las que a UPyD en general y a Rosa Díez en particular, se les debe pedir un acto de responsabilidad política y que, consecuentemente, procedan a retirar sus candidaturas en las próximas elecciones autonómicas en Galicia recomendando, al mismo tiempo y como ya otras fuerzas políticas han hecho en el caso de las elecciones autonómicas vascas, el voto para el Partido Popular. Solamente así, los que todavía dudamos, y somos muchos, de las verdaderas finalidades perseguidas con la creación de UPyD empezaríamos a despejar las sombras y claroscuros que la contradictoria trayectoria política de Rosa Díez arroja sobre su propia formación política.; y es que, ciertamente, muy pocos podrían entender que el Partido Popular no consiguiera la mayoría absoluta por faltarle un puñado de votos a los que se aferra, sin utilidad alguna, la líder de UPyD y con ello se permitiera una segunda legislatura en manos de los nacionalistas gallegos.

agustín altés


ROMA NO PAGA A TRAIDORES (1.01)

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Apiano, Tito Livio o Diodoro Sículo nos dan ciertas y confusas noticias de aquel Viriato del que los libros de enseñanza primaria de la posguerra se adueñaron, a mayor gloria de un imperio decadente incluso en su historiografía, para configurar la legendaria especie de héroes de la patria. Poco, por no decir que casi nada, sabemos de un celtíbero lusitano renacido en íbero hispano, levantisco y aguerrido, que tantas glorias y regocijos trajo a los escolares y bachilleres de los años cincuenta; poco hay que decir de su vida antes de su ascenso a los emporios de la diplomacia de la época como dux lusitanicum y de sus victorias sobre Galba, Máximo Emiliano y Máximo Serviliano. Sin embargo, la oscuridad de una vida, puede quedar perdonada por el oprobio de una muerte infamante, y de eso, de esa última gesta de Viriato que fue su muerte, de eso, sí que hay constancia cierta en la historia, una historia, a menudo, sembrada de traiciones, insidias y malas artes; tan malas como aquellas que al final rubricaron la vida de un Viriato que solamente con su muerte se engrandeció para los restos de la historia. Pero no fue su muerte, en sí gloriosa y heroica como caudillo y apaciguador de conflictos, la que le engrandece, sino más aún, si cabe, la muerte en el oprobio, ciertamente infamante, de los que fueron sus asesinos.

Enseña la historia que Viriato, por razones varias, y ya atraído al bando Romano como uno más de esos elementos tan útiles en la Paz Romana, seguía siendo una piedra en el zapato de más de uno que lo veían como una potencial amenaza siempre latente. Fueron encargados de la tarea unos lusitanos de nombres Audax, Ditalco y Minuro, los cuales, sin hacerle ningún asco a la nutrida bolsa de sextercios prometida, se afanaron en el dignificante empeño de coser a tajo de falcata al caudillo de los lusitanos aprovechando la oscuridad de la noche y el silencio del sueño. Presentados ante su mentor, Servilio Cepión, hermano y sucesor en el cargo del anteriormente humillado Serviliano, lejos de hacer honor a su palabra y entregar el precio prometido, se limitó a ordenar la inmediata ejecución de los asesinos de Viriato legando a la historia esa famosa frase de “Roma no paga a traidores”.

En una historia de buenos y malos, como se ha pretendido hacer que sea la vida, obra y milagros de Viriato, el listo fue, sin resquicio para la duda, el general Cepión que en una carambola casi esférica –por lo perfecto- vengó cara la humillación de su hermano, acabó para siempre con un enemigo amenazante y se llenó la faltriquera con los óbolos no entregados a sus sicarios.


Transcurridos los siglos y los milenios, transponiendo términos, y buscando esas tan excitantes y reveladoras analogías en la historia que la misma historia, cuando se mece entre la leyenda y lo real, nos ofrece, nos encontramos hoy con una UPyD convertida en una aparente Roma todopoderosa representada por el mejor de sus generales, al estilo de un Cepión redivivo en una Rosa Díez muy dispuesta a premiar, al menos en apariencia, a sus mejores traidores, incluso poniéndolos a público sueldo para que capitaneen su proyecto en esas zonas levantiscas, y que, todavía, le son poco proclives como el caso de Cataluña.

El pasado día 13 de febrero, y viernes –Mal día, que dirían los anglófilos-, como si de una anticipada cena de San Valentín se tratase, la memorable e ínclita Rosa Díez (La misma que nunca asistió a un funeral por uno solo de los asesinados por los terroristas vascos mientras anduvo cobrando pingüe sueldo como consejera de un gobierno connivente con el nacionalismo de la peor especie) ofrecía banquete de confraternización, en Barcelona, a un grupo de advenedizos a su proyecto para, además, publicitarse y hacer proselitismo de captura. Entre ellos, en romántico idilio, andaba el pertinaz Josep María Trias de Bes que, a la postre, habría de ser anunciado con bombo y platillo por los medios más interesados en airear tales contubernios mediáticos, como la más y mejor reciente incorporación a las filas rosa-fucsias de la –valiendo la redundancia- Rosa Díez. Y entre fucsias, rosas, tradiciones anglosajonas y fechas de por medio, parecerá esto, al final, una especie de Apocalipsis de san Valentín; aunque, permítamelo el lector, no vayamos a adelantar acontecimientos.

El resultado es que, inmediatamente y sin mucho tiempo para la digestión de tan opípara coyunda, las letras de titulares y discretas noticias en diferentes medios escritos y prensa digital se convertían en procesión de hormigas que llevaban en volandas al Señor Trías de Bes, falsamente tildado de liberal catalán, hacia el nombramiento in pectore de futuro líder de UPyD en Cataluña (Con permiso de otros que, desde sus deméritos, también aspiran a tan altos designios; aunque de esos … ¡Ay! … no me dejan hablar). Vista la cena, las noticias posteriores y el eco, moderado pero mediático al fin, que ha tenido el asunto no era de extrañar que el propio interesado, es decir, Trías de Bes, hiciese honrosa aparición radiofónica para dejarse entrevistar por Federico Jiménez Losantos; una entrevista que resultó memorable desde un doble punto de vista, por una parte arremetiendo contra CIUDADANOS – PARTIDO DE LA CIUDADANÍA cumpliendo ya su misión como el leal esbirro de la Díez en que se ha convertido y, por otra parte, defendiéndose como gato panza arriba de los deslices chaqueteros que ha protagonizado a lo largo de su no corta trayectoria política y que Losantos se empeñaba, una y otra vez, en poner de manifiesto.

Es evidente que a la vista de la trayectoria de José María Trias de Bes, un artista del bandazo político, y de la facilidad con la que traiciona a sus correligionarios de ayer ante sus amigos de hoy (Recuérdese que el hombre ha jurado lealtad eterna, sucesivamente, al PSUC de los primeros ochenta, al PSC de finales de la misma década, a Jordi Pujol con entusiasta militancia en CDC durante los noventa, al PP de Aznar en el principio del nuevo siglo XXI, vuelta a la fe de sus antepasados firmando el manifiesto a favor del Estatut de Autonomía inventado por el PSOE de RodríguezZapatero, por supuesto- y, finalmente, rindiendo vasallaje a la promisoria Rosa Díez) UPyD no es, ni mucho menos, Roma, por mucho que quiera parecerlo; y es que UPyD sí está dispuesta, ¡Y de que manera!, a bien-pagar al primer traidor advenedizo dispuesto a lo que sea.

Me dirán algunos que eso no es suficiente, que no quiere decir nada, que hay que ser “buenos” y creer en la “buena” fe de un “buen” político que, como él mismo alegó en su defensa intentando guarecerse en vano de los picajosos aldabonazos que le propinaba el mordaz Losantos. De acuerdo, sí; incluso podría admitirlo pero, la verdad, es que no escribo lamentándome del fariseismo de un político al estilo de García Damborenea; por supuesto que no. Y es que lo que anida en mi ánimo al escribir este artículo es, más bien, poner de relieve la mendacidad de una Rosa Díez (Con su UPyD a rastras) que, esta misma semana, justificando las nuevas incorporaciones a su partido en Cataluña no desaprovechó el momento que tan inopinadamente le brindaba una emisora de radio para aseverar, con pomposa fatuidad, que prácticamente eran colas las que se formaban entre los políticos catalanes para incorporarse a su proyecto (Heredero de su trayectoria política, claro), incluyendo de forma expresa la referencia a que, incluso, los había con acta de parlamentario (¿Sirera, Artur Mas, el propio Carod-Rovira, de nombre José Luís? ¿A quien podría estar refiriéndose? Menudo misterio …) Decididamente, UPyD no es Roma, y su máxima artífice, la inefable Rosa, no es, desde luego, el general Cepión … y por eso lo de que UPyD sí paga a traidores.

Claro que, en política, el rumor suele convertirse en sembrado camino para llegar a altas metas, y así, al parecer, la noticia de las inestimables recompensas que la Díez, y su UPyD, andan repartiendo a diestro y siniestro entre recalcitrantes traidores políticos ha debido correr como un reguero de pólvora por los lodazales del Parlament de Cataluña; y, de este modo, no es extraño el idilio –Prolegómenos de San Valentín, debió de ser- que una nutrida feligresía de incondicionales a la Díez escenificaron en esa cena del día 13 de los corrientes. Allí estaba lo más granado del mundillo ex-ciudadano, Almudena Semur, Román (El hipnótico; perdón, el hipnotizado), y un largo etcétera de buenas gentes; y más gentes, también en el paro político, como Segurado; e, incluso, gentes buscándose acomodo (Me niego a pensar que ya gozan del privilegio) entre las filas de asalariados, proto-asalariados, o prometidos de la Díez.

No entraremos ahora a enumerar, sin embargo, esas caras conocidas que pudieran heberse prodigado impúdicamente en tan memorable acto; no haremos ahora valoraciones éticas sobre conductas incomprensibles; no acuñaremos expresiones de indignación, ni permitiremos que se abran paso soflamas movidas por una comprensible ira; no, decididamente, ahora, desde la serenidad y la moderación, lo oportuno es que el sentido común se abra paso para reivindicar y proclamar un acertado análisi político que podemos extraer de tan duras enseñanzas.


Sin embargo, ahora, sí es momento para tomar
el hecho evidente de que Rosa Díez, usándose de esa característica estrategia mimética de la que ha dotado la acción política de su UPyD, no le hace ascos a unir su suerte en Cataluña a cualquier profesional de la mendacidad política, si ello le ha de servir para conseguir acaparar presencia mediática que, como objetivo final, le sirva de arma para el desgaste de CIUDADANOS y para ocupar un espacio político en Cataluña que, por el momento, sigue resistiéndose a la entrada de esa líder populista. Queda patente, con este movimiento estratégico, (Como más patente se hará con otros movimientos en la misma línea que se producirán en los próximos meses), que Rosa Díez no busca una fórmula de unidad para atajar el avance del nacionalismo (Ha tenido oportunidades para demostrarlo ya que muchos han sido los puentes que desde CIUDADANOS se le han tendido) sino, más bien, una expansión completa a todo el territorio español que la afiance en su emporio carismático.

¿Para qué? ¿Qué consigue? Tal vez eso sea una cuestión que someta a profundo análisis en otro momento; lo cierto, ahora, es que Rosa Díez nos está mostrando que ella sí paga a traidores.

NOTA ACLARATORIA: De este artículo se han modificado los últimos párrafos por mero sentido de la responsabilidad. Una versión íntegra del mismo puede consultarse fuera de Red Ciudadana.

agustín altés


ENTRE COROZAS Y SAMBENITOS

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En el último cuarto del siglo XV una pareja de monjes benedictinos alemanes, Heinrich Kramer y Jacobus Sprenger, tras años de estudio, meditación y conversación mística con todas las potencias de la deidad, imaginaron, escribieron y acabaron por publicar el Malleus Maleficiarium, también conocido como Martillo de los Brujos, un divino tratado que, extendiendo su vigencia durante casi cuatro siglos completos, sirvió como justificación y, al mismo tiempo, como manual de protocolo y procedimientos para que la Santa Madre Iglesia, sirviéndose del Santo Oficio como instrumento, se aplicase con metódico empeño en esa Santa Causa que fue la lucha permanente, constante, tenaz y cruel, contra la herejía, contra la brujería, contra la simple discrepancia; el tratado fue, durante generaciones, la mejor y más eficaz herramienta para imponer el silencio, un silencio profundo y latente en los más remotos nichos sociales, un silencio sacro del que difícilmente el individuo podía sustraerse sin el muy serio riesgo de verse, cuanto menos, cubierto de sambenitos profusamente decorados y rematado con capirotes infamantes.

Cuentan que Joseph Goebbels tenía cierto apego a un viejo ejemplar del “Malleus”, una vieja edición proveniente de Gottinga, en folio, y que, en caligrafía gótica, habría sido una de las primeras traducciones del latín; cuentan, también, que lo tenía profusamente anotado y que se apoderó de él un corresponsal de prensa americano, de quien no ha quedado constancia del nombre, tras el colapso del búnker de la cancillería.

Dicen que un tal Félix Dzerzhinsky se jactaba entre sus compañeros de comisariado de la NKVD de poseer el único libro religioso que se había salvado de la quema en toda la Unión Soviética; el mismo ejemplar, según parece, de una rara edición del “Malleus” en latín escrito con caracteres cirílicos que, mediante no poco engaño, le había conseguido arrebatar Beria para, poco después, acabar en las manos del mismísimo “padrecito” de todas las Rusias.

Todos los grupos humanos cuyas reglas y normas confluyen en el control de sus miembros acaban por usarse del silencio como inevitable herramienta y de la amenaza, siempre velada, siempre presente, de que el quebrantamiento de ese silencio puede conducir al señalamiento social, al oprobio y a la marginación. No es casual, pues, que tanto los inquisidores políticos soviéticos que cosían infamantes marcas que identificaban a los elementos anti-soviéticos en sus harapos, como los factores de la GESTAPO que seguían la misma costumbre para dar publicidad a judíos, cristianos, gitanos o miembros de la minoría húngara, coincidieran en el uso de un tan socorrido recurso como es el sambenito para asegurarse el silencio de los disidentes; y es que, a fin de cuentas, esas señales, marcas, identificadores no eran, no han sido, sino modernos remedos del dieciochesco sambenito y de las afrentosas corozas que distinguían a los díscolos parlanchines.

Claro que yo, ahora, no quiero escribir ni de la Santa Inquisición, ni de la brutalidad de las Checas, ni del Ministerio de Propaganda del Tercer Reich; y tampoco, claro, pretendo escribir de la férrea censura del Franquismo que compendiaba un poco de todo lo anterior aunque en dosis mucho más digeribles. No, nada de eso, absolutamente nada, tiene sentido, ni cabida, ni razón de ser en un sistema que derrocha liberalidad y democracia; un sistema en el que en cada uno de los grupos sociales que lo componen, desde una comunidad de propietarios hasta una red de “blogeros”, se respeta el criterio propio de cada uno de los individuos y el derecho a la lógica, razonada y razonable, discrepancia.

Y es que, apelando a ese clima de amplia libertad, de consagración del ubérrimo derecho a la propia opinión, de sublimación de la necesidad de poner en común, ofreciéndola a los demás, esa misma opinión; apelando a todo eso, ahora, tal vez deba hacer un singular ejercicio de responsabilidad suprimiendo una entrada anterior que, tal vez sin demasiada mala intención, resultaba un tanto merecedora de coroza y sambenito. Es la obligación de la mesura, del buen juicio y del buen criterio.

Tal vez, aunque a tanto no llego, debería, o, mejor dicho, debiera en aras del bien común, retractarme de algunos de los párrafos que días atrás escribí ya que, tal vez, solamente tal vez, me dejé dominar por un error de base. ¿En qué cabeza cabe, puede caber, que un representante electo de un partido político ande entre bambalinas conspirando contra ese mismo partido al que debe su escaño? ¿En qué cosa andaría yo pensando? Ciertamente que me equivoqué al escribir en este “blog” semejante artículo; y, sin embargo, sigo pensando también que errores han sido muchos, y desde muchos sectores, los que se han ido produciendo; errores tanto o, sin duda, más graves que el mío propio al provenir de personas verdaderamente representativas; errores que, ya pasado el tiempo, no pueden borrase con la misma facilidad con la que yo me limito a suprimir un artículo escrito, pensarán algunos, de forma irreflexiva.

Y es de suponer que, si capaz soy yo de enmendar tamañas desmesuras y procurar, en lo sucesivo, atenerme a las reglas del silencio, con más razón habrán de serlo quienes gozan de una mayor representatividad y un muy superior peso específico por su propia condición de personajes con repercusión mediática, una repercusión que indudablemente, en mayor o menor grado, la tienen. Y es que, en caso contrario, mucho me temo que todos, ellos y yo mismo, acabaremos con una colorida coroza en la cabeza y cubiertos de sambenitos bien pintarrajeados.

Me gusta, después de semejante acto de responsabilidad, mirar hacia el cielo, hacia las estrellas lejanas, hacia ese lugar en la oscuridad por donde planetas invisibles, imaginados cuerpos celestes transitan sin apresuramiento siguiendo las únicas leyes absolutas que rigen el universo; me gusta sentirme pequeño, un minúsculo puntito que toma conciencia de si mismo sobre un también pequeño peñasco azul y tierra que es mi planeta, mi mundo que, aunque lo siento recio e inamovible bajo mis pies, sin embargo, como Galileo sentenció hace siglos, se sigue moviendo.

agustín altés


LA APARECIDA

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Como extraida de alguna inédita película de Fellini; como una espectral presencia de amantadora loba capitolina, tal vez virginal advocación de una sincrética Virgen de Todas las Rosas o, simplemente, quizá, una nueva Melusina teñida en fucsia, se nos aparece ahora -aunque mejor deberíamos decir que se nos reaparece- la Díez, la singular e inimitable Díez, dedicándole una espesa diatriba a un todavía somnolescente, cariacontecido y aburrido ministro Corbacho y haciéndose acreedora, en ambiciones muchas y méritos pocos, presta a recibir, como óbolo promisorio, su cuota de prensa diaria de las manos del oficiante Pedrojota quien, como si quisiera hacerse perdonar la creciente presencia de Rivera y sus chicos en los medios, le concede anchura de columna en la sección propia de la edición para Cataluña del día 2 de octubre (Pagina 20).

Me dicen que anduvo su ínclita señoría el pasado lunes (29 de septiembre) como alma en pena y semblante malhumorado recabando el cariño de sus iguales; me dicen que en el repaso de la prensa del día se iba haciendo la cuenta de cabeza a medida que comprobaba la cobertura periodística del éxito de la manifestación contra la imposición lingüística en las escuelas, convocada por ciudadanos, y añadía imaginarias crucecitas rojas a la misma mientras rodeaba con nerviosos trazos cada una de las referencias a la presencia -misérrima y desdibujada- de algunos militantes de Unión Progreso y Democracia en la marcha; me dicen que se maliciaba y malmetía contra sus pretendidos consejeros en alguna furtiva conversación telefónica acusándoles de falta de perspectiva política cuando le habían recomendado la no adhesión de su monolítico -y autócratico- partido político; me dicen, en fin, que pasó su cierto rato, colgada de su teléfono, recordando a sus valedores mediáticos que ella seguía siendo estandarte de las libertades y adalid de la oposición más activa contra los descalabros impuestos por los nacionalistas y, tal vez, mendigando la cobertura informativa necesaria para su interpelación del miércoles al Gobierno.

Pero, en realidad, ¿Quién va a creer esas fantasías que me cuentan con retintín y meledicencia? ¿Quien puede creer que a estas alturas vaya su señoría Díez a tener un ataque de celos? Y es que, a fin de cuentas, lo cierto es que se nos aparece de nuevo con su arrebatadora presencia para ser martillo pilón que golpea, sin piedad, al Gobierno Socialista -esta vez en la persona del inefable Corbacho- acusándole de discriminar a "miles de ciudadanos" que no pueden trabajar en las comunidades donde se les exige el máximo conocimiento de la lengua cooficial para poder ocupar un puesto público; y es que, a fin de cuentas, tal vez ella, ese ariete flamígero contra la iniquidad política, nunca había desaparecido; nunca, y echarle de menos, a ella, a la sin par Rosa Díez, en un acto de la trascendencia que tuvo la manifestación del pasado domingo día 28 de septiembre haciendo que entre siete y ocho mil personas se plantasen frente al "sancta santorum" de la catalanidad dictatorial, bienpensante y políticamente correcta, no es sino fruto de la imaginación, y criticarle la no adhesión oficial de UPyD a la misma movilización no es sino maquerencia, mala intención, mala baba, en resumen, un acto de muy especial mala leche.

Durante la mañana del domingo, mientras crecientes cantidades de personas se concentran en la Plaza Urquinaona, uno se afana en colaborar lo que puede en la organización de la concentración; uno se mueve de aquí para allá saludando a unos e intercambiando palabras de aliento con los otros; uno escucha, ve y presiente; uno se fija anónimamente en las decenas de pequeñas anécdotas que se suceden a pocos pasos; uno anda con el orgullo propio del que sabe que las cosas, al menos por una vez, están mejor que bien hechas; uno sabe y percibe, y entre esos ínfimos detalles se le acercan unos simpáticos personajes, hombre y mujer, mujer y hombre con un corto pero medido séquito que uno consigue identificar en el anonimato de la muchedumbre; -"Soy fulano de tal o cual", de UPyD ... "- Dice el sujeto, aunque su tono de voz, débil y titubeante, delata una ligera falta de convicción ... -"Encantado, pues ... "- le respondo extendiéndole la mano, aunque también sin convicción y sin conseguir ahora recordar si efectivamente llegamos a chocárnoslas. Se queda callado, duda un instante y parece arrancarse, aunque no sé bien si por seguidillas o soledades; a continuación, repentinamente y como si llevase largamente aprendida la frase, suelta algo así como -"vengo a acreditarme para estar en la cabecera de la manifestación"- Dicho todo de un tirón hasta me suena mal -"¿Cómo ... ?"- le replico alzando la voz sobre el fragor que me rodea, -"¿Cómo ...?- Se lo repito sin disimular el asombro en mi voz para que se vaya haciendo a la idea de que no se ha encontrado, precisamente, con un amigo. -"Sí, que venimos en representación de UPyD para encabezar la manifestación"- Me contesta tímidamente y queda claro ya que hay muy poca empatía en la que profundizar. "¡Vaya, los de la desaparecida!", me digo a mi mismo, "menuda desvergüenza la de estos andobas", pienso para mis más profundos adentros y estoy a punto de regalarle un bonito y sonoro exabrupto a mi interlocutor, pero uno, todavía educado y capaz de mantener la compostura, echa mano del socorrido "... no sé, no sé bien como va eso de la cabecera ... creo que tendrías que hablar con alguien que pueda ayudarte", y aprovecho la cercanía del portavoz de ciudadanos a cuya presencia conduzco al señor representante del "desaparecido partido de los aparecidos" que, muy digno, eso sí, repite a Jordi Cañas sus pretensiones con voluntariosos ademanes y, eso también, con muy poca convicción. Claro que, por supuesto, la diplomacia y los buenos modos actúan como vaselina para que nuestro buen y digno cortesano de la amamantadora loba capitolina de la inédita película de Fellini se vaya, seguido o perseguido por su magro séquito, hacia la cebecera a buscar su lugar entre esos representantes de partidos y asociaciones que, a diferencia de su lozana cohorte, al parecer sí se habían adherido de forma oficial y sin ambages a la convocatoria del acto cívico.

Es meramente una crónica de anecdotario; una entre varias otras del mismo lugar y fecha, que ahora me viene a la memoria y que viene a rubricar el hecho de que, seguramente despistados, los señores no adhesionados de UPyD no debieron encontrar su lugar entre los adheridos por cuanto que posteriormente no anduvieron en la cabecera de la manifestación ... o, al menos, uno que se procura fijar en casi todo ... simplemente no los vio por allí delante.

En cualquier caso, debemos señalar la efeméride para la posteridad; quizá también congratularnos con ello ya que, después de tan escandalosa desaparición, la señora desaparecida ha regresado convertida en eso, una loba capitolina amamantadora para dar el vital elixir de su presencia parlamentaria a las fieras mediáticas que todo lo devoran. Y, entretanto ... hay quienes, aún a regañadientes, por mera coherencia u oportunidad, sí se adhieren a las iniciativas de ciudadanos siquiera sea para que los votantes, al menos en Cataluña, no los crean desaparecidos.


agustín altés


INVENTANDO MITOS ...
FABRICANDO RELIQUIAS

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CATALUNYA DESCUBRE LA BANDERA DE UN BATALLÓN DE LAS GUERRAS DE 1.640 Y 1.714




Al parecer, la reliquia es un estandarte de los "segadors".

El pasado domingo día 27 de enero, la cabecera catalana -antes española- LA VANGUARDIA, en sus páginas dedicadas a la cultura publicaba como primicia en un artículo titulado El estandarte de los 'segadors', el descubrimiento de una especie de estandarte que habría sido, supuestamente, enseña de una unidad militar que, también pretendidamente, participó en aquel conflicto que la ortodoxia catalanista ha denominado "Guerra dels Segadors" y que tuvo lugar entre los años 1.640 y 1.652.

El contenido de la noticia no tiene desperdicio y, en la misma línea y empeño por reescribir la historia que ha llevado a los historiógrafos nacionalistas a acuñar ese grandilocuente término de "Guerra dels Segadors" para referirse a lo que no fueron sino unas violentas revueltas que, por oleadas, se fueron sucediendo en las medianías del Siglo XVII, leemos tan afortunadas expresiones como que "Ahora, Catalunya ha recuperado un símbolo que puede ser considerado como de los más relevantes de su historia".

El catalanismo excluyente y secesionista -como en general todos los nacionalismos de corte radical y convicción "quasi-étnica"-, huérfano de una realidad histórica mínimamente apta para fundamentar sus espúrias aspiraciones independentistas y su inquebrantable voluntad sediciosa respecto del Estado Español, se ha visto obligado, a través de sus artífices, ideólogos, comisarios políticos, paniaguados y zurupetos al servicio de un creciente e hipertrofiado poder público-administrativo, a reescribir una historia sobrte la que construirse a sí mismo (Invención de la manifestación intrínseca del catalanismo actual) y, sobre todo, a efectos de justificarse de puertas afuera frente a la misma sociedad que asiste impávida, y en no pocas ocasiones estupefacta y ojiplática, a tamaños manejos de tergiversación historiográfica (Manifestación extrínseca del nacionalismo actual).

Ese afán manipulador se ha venido produciendo, de forma ininterrumpida, desde el mismo momento en que aquél ilegítimo "President de la Generalitat" que fue Josep Tarradellas proclamó su lema de batalla al pie de la escalerilla del avión que le condujo desde el exilio hasta Barcelona; y mientras lo pronunciaba -"Ja soc aquì"- muchos entendieron aquello de "a partir de ahora vale todo". Y el "vale todo" se habría de traducir, andando el tiempo, en la confección de una monumental red de débitos y obligaciones burocráticas, administrativas, académicas, empresariales, financieras que, íntimamente interrelacionadas, como un micelio de vastas proporciones han anidado en la práctica totalidad del tejido socio-cultural de la Cataluña presente. Pero, eso, este último dibujo es el de hoy en día ... y es que antes, mucho antes, hubo un principio.

No debe dudarse, pues, de que hubo, desde ese comienzo, voluntades empeñadas y directamente implicadas en dotar de coherencia -sin importar las falsedades en las que para ello habría de incurrirse- a ese naciente proyecto que, poco a poco, se iba divorciando de la realidad social y cultural para acabar por convertirse en una entidad propia, dotada de vida también propia, y alejada, muy alejada del más elemental concepto de la verdad histórica; fue la tarea de fabricar una verdad histórica oficial que, con el tiempo, ha acabado por obedecer solamente a sus propios fines; así, los intelectuales de la progresía catalana de la década de los ochenta consiguieron abrirse camino hasta copar, uno tras otro, todos los puestos de prestigio académico desde los que se dedicaron al noble arte de recrear una historia bien diferente de la que nos ha ofrecido la historiografía y las fuentes como ya antes hicieran aquellos pensadores y activistas que fueran Hermann Wirth, Karl-Maria Willigut, Irjö von Grönhagen, Wolfram Sievers, Walter Wüst, Franz Altheim y tantos otros que sirvieron fiel y "noblemente" a las visionarias concepciones histórico-sociales de Heinrich Himmler. Del mismo modo, si anteriormente los que formaron aquella siniestra Deutsches Ahnenerbe habían reescrito una historia que pudiese justificar sus más delirantes fines políticos por medio de la magnificación de una pretendida nación aria, ahora aparecían, ¿Por qué no?, los "redescubridores" de una historia catalana que nunca antes había conocido la verdadera historia.

Muchos son los pasajes de la historia, pues, que, sectariamente y mediante el artero sistema de sustituir verdades por mentiras en la traducción y en la transcripción epigráfica, por el destructor método de suplir con interpretaciones sesgadas las lagunas de las fuentes históricas, ayudándose de falaces interpretaciones de las fuentes historiográficas, se han visto reinterpretados, cuando no simplemente inventados, para configurar un "opus históricum" oficialista que se nos pretende imponer, hoy en día, como dogma de fe con presunta base científica y que sustenta, de forma obligatoria, el credo de fe impuesto por la catalanidad más "patriótica". Obras de divulgación, ensayos, monografías, enciclopedias, tratados de historia, de arte, de música, libros de texto, artículos en las secciones de cultura de los diferentes medios se han visto, finalmente, inundados por toda una sarta de "indubitables hechos históricos" aderezados, para dotarlos de credibilidad, con toda suerte de justificaciones pseudo-académicas para acabar configurando eso, una "nueva" historia de Cataluña que, por arte de ensalmo -y permisividad entre académica y política- ha acabado por destruir el rigor de la mayoría de las obras que se editan en toda España.

Tales circunstancias, con sus negativos efectos sobre el conocimiento científico de la verdad historica, se han producido -como no podía ser de otra manera- sobre todo en esos muy particulares pasajes sobre los que se ha querido sustentar el patriotismo catalan; se trata de los hechos míticos y legendarios que, en cualquier nación enraízan con la esencia primera de su propia naturaleza y existencia; hechos y personajes, individuales y colectivos, que en el caso de Cataluña se revelan tanto más falsos cuanto más nos acercamos a las verdaderas fuentes historicas y a la historiografía contemporánea de los mismos.

Un ejemplo paradigmático es, por supuesto, el de la llamada Guerra dels Segadors cuya narración con toda suerte de glorificaciones, tintes heroicos y cánticos patrióticos -propios del último estadio de euforia provocado por la embriaguez y justo antes del coma etílico- se ha acabado por imponer y que en nada se parece a la realidad. Para el conocimiento de ese fragmento de la Historia de España hay que olvidarse, siquiera un poco, aunque mejor hacerlo completamente, de todas las monografías escritas con posterioridad a 1.982 y, usando como guía fundamental la Historia de España de Ramón Menéndez y Pidal, recurrir a las fuentes de la época deteniéndose particularmente en el opúsculo de Francisco de Quevedo titulado "La Rebelión de Barcelona no es por el huevo ni por el fuero", la Carta del Conde Duque de Olivares a Santa Coloma, fechada el 29 de febrero de 1.640, y, sobre todo, la crónica de Francisco Manuel de Melo titulada "Historia de los movimientos y separación de Cataluña" (no, como posteriormente se la ha denominado "Guerra de Catalunya").

En esta capital obra para el conocimiento de uno de los hechos más rastreramente mitificados de la Historia de Cataluña se nos presenta la verdadera naturaleza de aquellos siniestos personajes que fueron los famosos primeros "Segadors", una especie de brutales y pendencieros bandoleros que aterraban a los pueblos y villas de todas las comarcas cuando dejaban sus serranías para bajarse a los mercados y ferias que en ellas se celebraban. Francisco Manuel de Melo nos relata los hechos que hicieron detonar las algaradas, de muy primera mano y con gran conocimiento ya que tomó parte activa como militar y, probablemente espía, en la represión de la revuelta.

Así, podemos leer lo siguiente:

"Había entrado el mes de junio, en el cual por uso antiguo de la provincia acostumbraban bajar de toda la montaña hacia Barcelona muchos segadores, la mayor parte hombres disolutos y atrevidos, que lo más del año viven desordenadamente sin casa, oficio o habitación cierta: causan de ordinario movimientos e inquietud en los lugares donde los reciben (...) temían las personas de buen ánimo su llegada, juzgando que las materias presentes podrían dar ocasión a su atrevimiento en perjuicio del sosiego público".

"Señalábase entre todos los sediciosos uno de los segadores, hombre facinerosos y terrible, al cual queriendo prender por haberle conocido un ministro inferior de la justicia (...) resultó de esta contienda ruido entre los dos: quedó herido el segador, a quién ya socorría gran parte de los suyos. Esforzábase más y más uno y otro partido, empero siempre ventajoso el de los segadores. Entonces algunos soldados de milicia que guardaban el palacio del virrey tiraron hacia el tumulto, dando a todos más ocasión que remedio".

Y, más adelante, cuando ya los desórdenes y saqueos se generalizaron tanto en Barcelona como en villas próximas, nos abunda en las brutales características de las refriegas:

"A este tiempo vagaba por la ciudad un confusísimo rumor de armas y voces; cada casa representaba un espectáculo, muchas ardían, muchas se arruinaban, a todas se perdía el respeto y se atrevía la furia: olvidábase el sagrado de los templos, la clausura e inmunidad de las religiones, fue patente el atrevimiento de los homicidas".

El cronista continua relatando como a los funcionarios, alguaciles, clérigos, se les mataba y despedazaba sin piedad mientras que a los ciudadanos de Barcelona, hombres, mujeres, niños o ancianos, se les juzgaba sumariamente y se les ejecutaba por traidores al no haber apoyado la revuelta y haber, sin embargo, solicitado auxilio de los soldados. En resumen, que el "noble y heroico hecho" que llena de orgullo a los Catalanistas cuando, solemnemente escuchan esa cancioncilla que se tiene por himno, no fue sino un conflicto de anarquía delincuente protagonizado por una turbamulta inculta y desbocada, rencorosa y vengativa, que nada de política y menos de patrias sabía.

Ya tenemos, pues, el mito; un mito idealizado en el ya mencionado himno que nuestros sátrapas autonómicos escuchan, mano en el pecho, derramando, incluso, alguna lagrimilla de aparente fervor patriótico limítrofe con el sentimiento religiosos que los mismos miembros del NSDAP sentían en sus "aquelarres" nocturnos de Nüremberg, con antorchas incluidas cual si de un concierto de Luís Llach se tratase.

¿Qué más puede faltar, pues, una vez creados los mitos? Es evidente que poco más sin entrar de pleno y plano en el terreno místico de la religión que es el que, a la postre, mejor sirve a los intereses de los gobernantes cuando se trata de domeñar masas humanas incultas; e, incultura, es lo que ya viene sobrando en una sociedad alienada por las mentiras oficiales y con un nivel de exigencia académica próximo al analfabetismo funcional. Las masas incultas, pues, cuando han perdido la facultad de leer y documentarse, recurren a los símbolos como expresión de un fervor religioso; y corresponde a quienes pretenden acaudillarlas dotarlas, exactamente, de esas herramientas de fanatismo simbólico que son, al mismo tiempo, ideales y perfectas herramientas de manipulación y dominación de sus fervores. Es por eso, simplemente por eso y no por cosa otra alguna, que las religiones inventaron, tiempos ha, algo tan siniestro como son las reliquias, ya sean éstas el diente sagrado de Shiva, la piedra de La Caaba o los huesos de Santa Teresa.

No es nuevo, por otra parte, que hayan sido manifiestos gobernantes autócratas quienes se hayan servido, también, de todo un completo relicario para investirse del poder de las divinidades al tiempo que las ofrecían a sus vasallos para mantenerles en el extasiado estado de alienación óptimo para la perfecta manipulación de la voluntad de las masas; no es de extrañar, pues, que ya Felipe II se rodease de todo un arsenal de huesos, retales de túnicas y vestiduras de presuntos santos, pedazos de madera, clavos de cristo y demás suerte de quincallería de almoneda para engrandecerse a los ojos de sus súbditos; o que Francisco Franco durmiese en las proximidades de un hueso de Santa Teresa o que el mismísimo Adolf Hitler saquease media Viena para apropiease de la lanza del destino.

Ahora, parece ser, que Cataluña, la catalanidad oficial, ha encontrado su propia reliquia, la reliquia que supone el más importante descubrimiento, en palabras de LA VANGUARDIA, "de uno de sus más trascendentales símbolos". Y hay que recalcar, como el mencionado periódico hace, la palabra "símbolo".

No obstante, la credulidad solamente atonta a los que ya están en camino de la estulticia inducida, y a nadie que esté en posesión de una inteligencia crítica e independencia de opinión en la medianía se le escaparían las singularidades que reviste el hallazgo del símbolo de marras que tan gozosas exclamaciones ha producido en el medio oficial de gran parte de la catalanidad burguesa -mas no por ello menos soberanista que la otra, la integrista de la más recalcitrante "esquerra"- que, por fin, dispone, junto a bandera, himno y mitos ... su tan necesaria reliquia. Y uno, en su ingenuidad, no puede por menos que maravillarse del cúmulo de casuales coincidencias que refuerzan la importancia del extraordinario símbolo de la catalanaidad histórica.

Que un estandarte usado en una guerra que nunca lo fue; que lo enarboló algún miembro de alguna unidad militar de esas que nunca existieron; que presenta una decoración en la que domina una magnífica hoz de segar -"bon cop de fals", que dirían los más avezados- desconocida absolutamente como motivo heráldico en los reinos de España salvo en los escudos del apellido Hoz (Con origen en Cantabria y que presenta una hoz de podar sobre gules); que, además, estuvo presente como enseña de un presunto batallón de artilleria del Vallés en la Guerra de Sucesión -el otro hacho mítico de la catalanidad-; y que, para más colmo y final de historia, pasó de mano en mano, en secreto, de uno a otro de sus sucesivos custodios .... parece una sobredosis de afortunadas casualidades.

Lo cierto es que, finalmente, como el secreto mejor guardado del Mundo, aparece en una vitrina de un museo catalán.

Y es que al final ... quienes inventan mitos no pueden sino acabar fabricando reliquias.

agustín altés